Nuestra confesión de fe
Justicia de Dios la auspicia la iglesia Cristo Nuestra Justicia, una iglesia cristiana con la sola misión de hacer comprensible la verdad del evangelio al mundo y a la iglesia. Pretende llenar un vacío en la comunidad cristiana, proclamando las grandes verdades de la gracia de Dios. Decir que nuestra misión es predicar el evangelio es afirmar lo que es mandato de la Palabra de Dios; con todo, es nuestra convicción que la iglesia ha distorsionado el evangelio a tal punto que pocos conocen lo que éste implica. Por lo que es nuestra misión el restaurar esta verdad mediante la predicación y la enseñaza; defendiendo los cuatro “solos” que caracterizaron la reforma del siglo 16: Sola Gracia, Sola Fe, Sola Escriturar y Sólo Cristo, en la clarificación de la doctrina de la justificación por la fe.
Existimos para luchar contra toda corriente doctrinal que de alguna manera se oponga a la comprensión del evangelio. Nos levantamos en oposición a los que detienen con engaños esta verdad. Nos oponemos tenazmente al subjetivismo de nuestra época que pretende sustituir la sola suficiencia de Cristo con el ?otro evangelio? de la experiencia. La obra del Espíritu en el corazón del hombre ha suplantado el lugar de la perfecta obra de Dios en Cristo. Bunyan decía que si no sabes la? ?diferencia entre la justificación que el Hombre Cristo labró fuera de nosotros, y la santificación que obró el Espíritu de Cristo dentro de nosotros, no eres apto para interpretar rectamente la Palabra: sino que al contrario, perviertes la Palabra de Dios y pones piedras de tropiezo ante la gente, y de cierto que un día quedarás profundamente escarmentado por tu locura, a menos que te arrepientas.? (The Riches of Bunyan (Sociedad de Tratados Americanos, Nueva York. 1850), pág. 140).
Nuestra misión es dar a conocer estas diferencias para crear hombres de fe que se sostengan solamente de la palabra de Dios. En un mundo donde la experiencia es el fundamento para determinar la verdad, nosotros mantenemos como iglesia que la verdad se encuentra revelada en la persona de Cristo, en su vida y en sus actos, y no la determina lo que sentimos o experimentamos.
Creemos que en la existencia terrena de Jesucristo Dios se estuvo revelando a sí mismo, y esta revelación se registró en las páginas de las Escrituras. Las Escrituras son el testimonio de estos actos divinos, así como Jesús es la expresión visible del verbo encarnado. Y que tanto la palabra escrita como la Palabra encarnada se complementan mutuamente, con el único propósito de mostrarnos la revelación de la voluntad de Dios. Que todo cuanto Dios tiene que decirnos ya lo ha dicho, y no es nuestra tarea el buscar una nueva revelación, sino escudriñar aquella que es la regla con la cual se juzgará toda cuanto se afirma y se confiesa; Cristo debe juzgarlo todo. En él se revela igualmente lo que significa ser hombre; en su estado de maldición, como en su exaltación a la diestra divina. En él, también descubrimos lo que será la nueva creación, los cielos nuevos y la tierra nueva. En otras palabras, toda afirmación doctrinal debe ser una explicación de lo que es Dios y lo que es el hombre, en Cristo.





