Problema para definir la santificación

Del libro: Jehová Nuestra Santificación

El caso de Sebastián no es único. Ilustra la condición de todos aquellos que procuran vivir una vida cristiana honesta, esforzándose por erradicar el pecado de sus vidas. Estos no sólo viven inseguros de su santidad, pero también de su salvación. Si se desea saber cómo piensa una persona respecto a su salvación se le debe preguntar qué cree sobre la santificación. Así de importante es esta doctrina. No entenderla correctamente hará que el creyente no aprecie con claridad lo que Jesucristo hizo; por lo que perderá la paz y vacilará cada día por causa de su inseguridad. Por otro lado, cuando no toma en serio lo que Dios dice, cómo desea que se conduzca en el mundo y la manera en que espera que le sirva; perderá el respeto por Altísimo, y la obra de Cristo carecerá de importancia. Como resultado, el evangelio será para él una oferta barata de salvación. Sólo personas que están interesadas en honrar a Dios con una vida obediente pueden entender lo serio de su condición de pecado, por lo que tendrán en alta estima el don que reciben en el evangelio.

En una encuesta que realizó Barna cuando le pidió a un grupo de adultos que definieran lo que entendían por «ser santo» ofrecieron una amplia gama de respuestas. La contestación más común que ofrecieron uno de cada cinco adultos (21%) fue: ‘no sé’. Otros respondieron: ser como Cristo (19%), hacer de tu fe la prioridad en la vida (18%), vivir un estilo de vida puro y sin pecar (12%), y tener una buena actitud en la vida (10%). Otras clases de respuestas incluyeron enfocarse completamente en Dios (9%), ser dirigido por el Espíritu Santo (9%), nacer de nuevo (8%), reflejar el carácter de Cristo (7%), exhibir un estilo de vida moral (5%), y aceptar y practicar la verdad bíblica (5%)»( Barna, www.barna.org).

La encuesta demostró la ignorancia que existe tocante al tema. La santificación parece a un rey que desnudan de sus hermosos ropajes y lo visten de pordiosero. Lo secuestran de su palacio y lo obligan a vivir en la mugre. La dificultad que enfrentamos en definir la santificación, es la misma que tenemos al hablar de un rey que no posee su palacio, y vive en la miseria. ¿Qué cosas podríamos decir de él? Pues sabemos que sólo podemos definir lo que es un rey a partir de la posición que tiene en su reino; no en la mugre, vestido de harapos. Lo mismo pasa con la palabra santificar que al arrancarla de su contexto la colocaron en uno totalmente extraño a ella, por lo que confunden a las personas sin necesidad alguna.

La santificación, en lugar de ser la piedra sólida en la cual el creyente se apoya, es por lo contrario el pantano de su inseguridad. En lugar de ser los ojos que miran al cielo, son los ojos que miran a su interior. El estudiante que profundiza la Biblia se confunde con lo que aparenta descubrir, al compararlo con aquello que le enseñaron. Por eso la mayoría de las veces desecha lo que encuentra e interpreta la santificación a partir de definiciones puramente humanas que aprendió de sus maestros.

Si eres uno de estos, sabes de lo que hablo. Cuando escuchas hablar sobre la santificación piensas inmediatamente en una transformación que se supone haya ocurrido o ocurrirá en tu interior, en el nuevo nacimiento o en la regeneración. Te aseguran que al santificarte, tus deseos, emociones y pensamientos pecaminosos desaparecen. Te has lanzado a la búsqueda de ese estado de pureza que en lo más profundo de tu ser sabes es imposible de alcanzar en esta presente vida. La verdad que Dios quiso enseñar, los hombres la oscurecieron a tal punto que casi la pierden por completo.

En este estudio deseo investigar si la Biblia, cuando habla de santificación, entiende por ello un título con una posición de privilegio; una relación especial que se tiene con Dios o la destrucción progresiva del pecado en la experiencia. Nos preguntamos si la interpretación tradicional de la santificación toma con seriedad el contexto bíblico de los versos que utiliza.

¿Resuelve la santificación el problema de nuestra presente condición? Y si lo hace, ¿de qué manera? ¿En que contexto aparece el concepto y cómo la entendieron los creyentes del Antiguo Testamento? ¿Mantuvieron los escritores del Nuevo Testamento el mismo significado presente en el Antiguo? ¿Es la santificación una obra subsiguiente a la justificación por la fe y al perdón de los pecados? Son estas interrogantes las que dan origen a nuestra investigación y las que mantendremos presente a lo largo de ella.

Si partimos de que la santidad es ausencia de pecado como tradicionalmente se piensa ¿cuál será la norma a usar para saber si se ha alcanzado? Nuestra proposición es la siguiente: Únicamente Dios es la norma; y por haberse ignorado dicha norma hay quienes pretenden ser perfectos o que algún día lo serán. Practican una piedad llena de prohibiciones y reglamentos de hombres. Ponen tanta atención en las obras, que pierden de vista la verdadera naturaleza del pecado y su corrupción.

Nadie duda de que en la Biblia la vida cristiana es de gran importancia. El creyente no disfrutará del potencial de felicidad que Dios le ofrece si no vive la vida que recibió del Espíritu Santo cuando se unió a Cristo. Muchos tienen el problema que viven tan afanados por erradicar el pecado de su alma que llevan una vida completamente miserable. Esto se debe precisamente al concepto equivocado que tienen de la santificación que los hace preocuparse más de los cambios que se supone acontezcan en ellos que de la posición que recibieron como hijos cuando el Altísimo los perdonó.

La preocupación de aquel a quien el Espíritu ilumina su conciencia no será si es relativamente bueno; frente a la perfección y justicia divina no existe mediocridad. La verdad bíblica no le permitirá hablar de su bondad, a menos que el pecado este totalmente ausente de él. Esta máxima es importante en la Escritura: Ser casi obediente es ser desobediente. Dios no le dijo a Adán: si eres casi perfecto podrás permanecer en el Paraíso, tampoco le dijo: por lo menos si tratas de ser obediente te dejaré en él. Lo que todo ser humano necesita es estar completamente seguro de que es capaz de obrar en armonía con lo que Cielo exige. Cualquier defecto, falta, imperfección o mancha, por pequeña que sea, se constituye en pecado. Lo único que garantiza la tranquilidad de la conciencia es saber que estamos obedeciendo perfectamente y en todo tiempo, y esto no es posible, como la experiencia claramente testifica.

¿Entiendes? En ninguna manera estoy promoviendo que seas indiferente a tu responsabilidad con el Cielo y el mundo. ¡Dios me guarde de tener en poco su gracia, tomándola como excusa para deshonrar su nombre! Lo que alego es que creer que la naturaleza carnal progresivamente se irá purificando le traerá inseguridad al cristiano una vez descubra que ésta no es la realidad de su experiencia. Además, la verdad es, que cuanto más comprenda lo que es la perfección con mayor claridad verá la maldad de su propio corazón. Por otro lado, cuanto más la desconozca más equivocado será el concepto de sí mismo.

La pregunta no es si la Palabra de Dios habla de una experiencia que afecta su carácter y conducta en el mundo. De esto no cabe la menor duda. Lo que se cuestiona es si las Escrituras llaman a esto santificación. De pronto hemos estado usando la palabra con el significado que tradicionalmente le han dado, para que sea más fácil que entiendas lo que intento mostrarte. En el transcurso de nuestra investigación abandonaremos gradualmente esta definición para hacer hincapié en la que consideramos correcta. Ante tus ojos verás convertirse la santificación, de larva, en mariposa; mostrando sus hermosos colores.

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