Del libro: Jehová Nuestra Santificación
El problema del pecado en la santificación
John Gerstner insiste que:
«Uno no puede pensar en los santos caminos de Dios sin pensar en nuestros caminos impíos. No podemos pensar en nosotros sin que pensemos en nuestro pecado. El pecado es la convicción más importante que el hombre puede tener. Es mala teología aquella que piensa del hombre como bueno. Toda buena teología debe comenzar con el hombre como impío.»
El escritor señala cuán importante es que tengas una idea clara de lo que es el pecado para poder entender correctamente la santificación. El pecado, por su misma naturaleza es inmutable, no acepta ni permite cambios. No puedes pretender ser medio pecador o estar parcialmente incapacitado. Tampoco Dios acepta que la buena obra que realizas esté en relativa armonía con la ley. Definido correctamente pecado es toda imperfección; no importa cuan pequeña sea hará que tu obra desagrade a Dios y se convierta en objeto de su ira.
Pablo reconoce su carnalidad. Bajo la luz del Espíritu Santo percibe que es débil y corrupto. Por esta razón confiesa desesperadamente: «miserable hombre de mi quién me librará de este cuerpo de muerte» (Romanos 7:20-25). En su mente no existe tal cosa como pecadores parciales. El pecado es pecado y la incapacidad es incapacidad; no hay un punto medio; se es o no pecador. Lo amargo no puede ser dulce, ni lo dulce amargo, son dos categorías totalmente distintas.
No puedes ver el pecado de manera optimista y, como reza un proverbio mirar el vaso medio lleno. ¿Entiendes lo que estoy diciendo? Siguiendo con la analogía dos personas miran un vaso que tiene agua por la mitad; el primero argumenta: «el vaso está medio vacío», el otro por su parte alega: el vaso «está medio lleno». El primero habla de manera pesimista, el segundo lo hace de forma optimista. Al juzgar tu propia santidad no puedes ser optimista en tu apreciación y conformarte con esto. Si el vaso está medio lleno o medio vacío, la realidad es que en ningún caso está lleno. De igual manera pasa con la santidad. Si no tiene todo lo que la califica como perfecta, entonces es imperfecta, y de acuerdo a la definición bíblica de pecado, ya no cumpliría con los parámetros de santidad. Este es el problema a nuestro juicio que ignoran cuantos pretenden definir la doctrina como ausencia de pecado; ya sea que entiendan que ésta ocurra instantáneamente o como un proceso que no termina en esta presente vida.
Total corrupción y total incapacidad del Santo
La doctrina de la total corrupción y total incapacidad enseña que por causa del pecado de Adán naciste con una naturaleza depravada, con deseos y pasiones inclinadas a pecar; por lo que todo cuanto haces está contaminado por tu maldad. Algo semejante a un virus que infecta todo el cuerpo.
Calvino explica que: «el hombre, después de su corrupción, por su caída, peca voluntariamente, no forzado ni violentado; en virtud de una inclinación muy acentuada a pecar, y no por fuerza; por un movimiento de su misma concupiscencia; no porque otro le impulse a ello; y, sin embargo, que su naturaleza es tan perversa que no puede ser inducido ni encaminado más que al mal» (Instituciones II, iii. 5).
La doctrina de la total incapacidad enseña lo imposible que es para el hombre hacer lo bueno perfectamente. Pablo explica en su epístola a los Romanos que los designios de la carne son enemistad contra Dios, que esas tendencias o inclinaciones no se sujetan a su ley ni tampoco pueden. El pecado es un mal que le quitó al ser humano la capacidad para hacer el bien de manera perfecta. Volviendo a la figura de la enfermedad, es como una parálisis que le impide mover las manos y piernas. Y aún cuando posee cierto movimiento no es el que tenía al principio; de modo que ya no tiene, ni podrá tener la misma habilidad.
Estas doctrinas no pretenden que en el hombre no exista algo bueno, o que no pueda hacer alguna obra relativamente buena, es simplemente que aquellos rasgos de bondad que aún permanece están llenos de egoísmo, y orientados hacia su propio yo. Por lo que no puede hacer el bien de la manera en que Dios lo exige: para su sola gloria.
Algunos —a quienes su propia experiencia engaña— pretenden haber alcanzado una condición espiritual tan elevada que no pecan, y aseguran estar cumpliendo perfectamente con la ley divina. Carradine, quien representa el metodismo, sostiene este tipo de enseñanza. En su libro: «Santificación» afirma haber tenido una experiencia de tal magnitud que lo llevó a concluir que su santidad era real. Y es esta experiencia la que utiliza para establecer la veracidad de lo que sostiene y enseña; doctrina que, como veremos en el transcurso de nuestra investigación, es contraria al testimonio bíblico. Comenta lo siguiente:
«Se ha sugerido que lo que llamo hechos en mi experiencia mi imaginación muy bien pudo producirlo. ¡Gloria a Dios! no es una fantasía que Cristo me guardó de pecar por meses, y mi alma, en todo ese tiempo, estuvo llena de perfecta paz, descanso y amor Una experiencia en la vida convertida o santificada vale más que diez mil teorías.
Nuestra esperanza de ser perfectamente libres lo es la gracia santificante de Dios. No es que se santifica nuestra depravación como lo fuera cuando se le regeneró, más bien se nos santifica mediante la remoción y destrucción de la depravación y por la comunicación, en ese mismo instante, de la ‘plenitud de la bendición del evangelio de Cristo’.
Cuando esa obra de santificación ocurre el pecado muere en el corazón. Varias inclinaciones del cuerpo, que la regeneración sometió, pero no pudo erradicar, instantáneamente se corrigen, se detienen, y se extirpan. El ardiente deseo de los hábitos termina, se extrae la raíz de amargura, el orgullo está sin vida, se crucifica la voluntad del yo, muere la ira y la irritabilidad. En una palabra, el pecado interno está muerto. Una dulce y santa calma invade el pecho; realmente afecta el cuerpo, se deja ver en el rostro, y gobierna la vida» (santification by Reverend B Carradine, pag 5,6, 18,19).
Este es el mismo error que promueve el perfeccionismo metodista, el Nazareno y el Adventismo del Séptimo Día que Elena G. de White representa. Un concepto de santificación tremendamente dañino a la iglesia ya que somete a muchos creyentes honrados a sufrimientos innecesarios. Porque, el que escudriña su propio corazón encontrará en él deseos, inclinaciones y pensamientos orientados hacia el mal. Quien piensa que no tiene pecado, se engaña a sí mismo y a los hombres, y no comprende lo que realmente es el pecado.
Considero que al igual que la justificacion, la santificacion o renovacion interna, es por gracia, Tito 2:5-7; y que el pecado no es inmutable, puede ser extirpado,Isaias 6:5-7; solo Dios es inmutable, no cambia, Sant. 1:17, y existe niveles de pecados por lo cual seran juzgados los que rechazan la oferta gratuita de salvacion. Algunos de esos niveles o grados de pecados estan registrados en Levitico 16:16,21: 1-impurezas (tame) al tocar algo inmundo o sucio como la lepra, flujo de sangre, un cadaver, ect. 2- rebeliones (pesac) al violentar voluntariamente a otros quitando la paz (shalom)y la armonia entre la alianza de paz. Solamente a traves del mensaje de la justificacion por fe se puede conciliar esa rebelion y establecerse la paz entre Dios y el hombre, Rom.5:1,2; Heb.12:14. 3- pecados (hattat)al cometer todo tipo de faltas y violaciones a los mandamientos de Dios (anomia 1 Juan 3:4), violaciones a las normas, hablar mal u ofender a una persona y cortar una relacion (enemistad) 4- Iniquidades (awon) al llevar a cabo una accion incorrecta, pervertida y con malos propositos. Estos pecados fueron expiados en la cruz del calvario universalmente, pero purificados individualmente cuando lo confesamos, 1 Juan 1:9; 2:1-3. La naturaleza pecaminosa mia ya murio en la cruz, Gal. 2;20, y Dios me ve a traves de Cristo, como si no la tuviera,a pesar que tengo una lucha constante con ella. En ese sentido, el pecado no es inmutable, sino constante hasta que me vaya a la tumba y resucite, donde sera cambiada mi naturaleza caida y mi cierpo de pecado, 1 Cor. 15:52-55 (aqui no expecifica un cuerpo corruptible solamente, sino esto corruptible, mi ser pecaminoso entero). Mientras tanto seguimos luchando contra las malas tendencias de la naturaleza pecaminosa siendo fortalecidos por el Espiritu Santo para hacer lo mejor en este mundo y dar un buen testimonio de lo que Cristo hizo por nosotros en el madero del Golgota. Solo Cristo guardo la ley perfectamente, solo Cristo fue perfecto, solo Cristo fue puro. Nosotros no lo somos, pero guardamos sus mandamientos en nuesta naturaleza caida, por amor a Cristo, Juan 14:15; 1 Juan 3:22-24. Mi consejo es que balanceen la doctrina de la ley y el evangelio, y se acordaran de este servidor. Amen.