La revelación en la historia de la redención (continuación...2)
“Desde ese centro se determinó el principio y fin. El principio es el evento donde el génesis de ese desarrollo se está viendo…El fin es la meta de ese desarrollo que hace del centro el significado del proceso histórico… Para el pensamiento cristiano, Cristo es el centro de la historia donde se determinó el principio y fin, significado y propósito de la historia”.32
La historia, interpretada de esa manera, implica planificación; al igual que un arquitecto al diseñar los planos para la construcción de un edificio, lo que desea lograr, su meta, determina la importancia de todo cuanto hace. El comienzo apunta hacia esa meta, el pasado muestra los pasos tomados para llegar a ella, y el futuro es el edificio levantado, el objetivo o significado cumplido. Todo el proceso comienza teniendo en mente el objetivo, y es este objetivo lo que se constituye en explicación y significado de todo el proceso.
Así lo es también con la palabra de la promesa, llega como una profecía que revela lo que Dios pretende hacer en la historia, anticipando su centro y significado; sin ésta, el hombre no podría entender lo que acontece y no tendría esperanza de un futuro. “Cristo es el centro de la historia y es únicamente a través de este centro que la fe es posible”.33 Cristo, por ser la Simiente, se constituye en el núcleo de todo acontecer histórico y de toda revelación. Si Dios no dio a conocer a Jesús anticipadamente como el representante y sustituto del hombre, entonces, ya no podemos hablar de fe desde la perspectiva cristiana. Sin la revelación del Mesías, el mundo se convierte en una lucha por apaciguar al Dios airado, una manipulación de la deidad por medio de ofrendas, obras y ceremonias; y estaríamos describiendo a paganos, no al pueblo del Señor. Como Pablo muy bien decía de los gentiles, que al estar sin el Mesías, vivían sin esperanza y sin Dios en el mundo. El hombre sin Cristo es un idólatra, intentando comprar a la deidad para escapar del juicio y la muerte. Sin Cristo tendríamos que pensar como los rabinos; que el hombre vive en la lucha por cumplir los mandamientos de Dios para evitar ser aplastados por la serpiente, ya que su poder está en el pecado y el poder del pecado se halla en la ley.
El Judaísmo posee una interpretación legal de la historia:
“… la teología Cristiana rechaza lo legal, el intento de interpretar la proclamación de los mandamientos como principio de significado en la historia … Esto implica que no es el punto donde la demanda se hace, sino que debe ser el centro de la historia el punto donde el cumplimiento se ha hecho visible. Sólo una realidad significativa puede darle significado a la historia. La llegada de un significado incondicional le da forma a la historia, no como una demanda, sino como existencia, no como una idea, sino como la anticipación paradójica y temporal de la perfección final”.34
El cristianismo no ignora el propósito de la ley para su existencia, muy bien reconoce que en el cumplimiento del pacto encuentra lo que le da significado a la vida humana. Cristo como su cumplidor rescató a la historia de convertirse en un mero intento, en una angustiante existencia que agoniza por conseguir la justicia. El evangelio al revelar la Simiente anticipa en su anuncio el triunfo final de Dios, y a partir de éste el hombre puede encontrar esperanza, frente a un mundo en decadencia, lleno de miserias.
El hombre, no importa el momento en la historia en el cual se encuentre, ha mirado a la Simiente en procura de esperanza, y desde su experiencia en el tiempo puede confesar con fe que lo prometido “llegó”, mientras por otro lado, sostiene proféticamente que aún “viene”. De esta manera la fe convierte la vida en el mundo en un vivir en esperanza moviéndose de lo que Dios ha hecho “ya” a lo que “aún no” ha llegado, pero lo espera con toda certidumbre.35
Hablar de la promesa sin establecer que es lo que se promete, o cuál es el contenido de lo que se está revelando, ¿de qué se está hablando? ¿Qué ofrece Dios en la promesa que le permita al hombre mirar al futuro victoriosamente? Moltmann, en su libro Teología de la Esperanza, cree que el futuro que se anuncia en la promesa es desconocido, está abierto a la posibilidad de lo que Dios desee hacer, sorprendiéndonos. Ve la promesa como “apasionamiento por lo posible” (Kierkegaard), otra forma de decir que estás excitado por algo que sucederá, pero lo desconoces totalmente. ¿Cómo puedes estar excitado sin saber por qué? La realidad es que ante lo desconocido no mostramos fogosidad o entusiasmo, antes bien nos deprime y nos angustia.
Pues,¿qué es lo posible? ¿No es lo que podría suceder, pero no estás totalmente seguro que ocurrirá? ¿Puedes hablar de posibilidad cuando reconoces que el Dios que promete todo lo puede? La promesa no propone cosas que puedan ser posibles, sino hechos; lo que Dios decidió llevar a cabo con la Simiente y tiene el poder de efectuar. Si pensaran en el hombre tendrían que hablar de probabilidades, ya que, en lo que concierne a la salvación, para él le es imposible. Hablar de lo posible, de lo que podría ser pero desconoces es sostener que no se ha dado el significado de la historia, lo cual equivale a lanzar al mundo a la angustiante búsqueda de significado. Es conducirlo a que viva de sus obras en lugar de la fe que se sostiene de Cristo, quien le da sentido a la existencia humana.
La creación cayó en la desgracia precisamente cuando el hombre intentó encontrar significado a su existencia aparte de Dios. A partir de ese momento la historia se convirtió en el punto de partida de una historia que oscila entre el intento orgulloso de la criatura por ser su propio dios y la actividad divina de retornarlo a su condición de criatura.36 Divorciar la redención de Israel y el llamado de Abraham del trasfondo de la creación, de la caída y en particular de la promesa de Génesis 3:15, es perder el porqué de la revelación y de la redención misma.
Jehová, el Redentor de Israel, es el Creador; al pensar de esta manera la redención se concibe como un acto de creación. La salvación es un regreso al orden, un volver a la existencia y al shalom37 de Dios, es un retorno al Edén. Como Creador Jehová tiene derecho soberano sobre el mundo y sobre la nación. En Israel conocemos a Dios como Jehová y desde este púlpito se le proclama como Palabra creadora.
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32 Paul Tillich, The Interpretation of History.
33 Ibíd.
34 Ibíd.
35 “Cristo, el centro de la historia, llegó—y un elemento profético—Cristo, el fin de la historia, viene. Así pues la interpretación cristiana de la historia está entre “el ya” y “el aún no”” (Tillich).
36 Vea Walter Eichrodt, Teología el Nuevo Testamento, tomo 2, pág. 108.
37 Es la palabra que comúnmente traducen paz, su significado básico es “estar completo, tener plena salud” En el contexto de salvación “shalom”-paz está fundada en la obra de Dios en la redención. Como anticipación del fin es una señal de que la nueva creación de Dios ha comenzado, y, partiendo de la consumación, es la plena realización de que la obra de la nueva creación se completó. W.E Vine, The New International Dictionary of New Testament Theology Vol. 2, pág. 780.