Del libro: Cristo la buena noticia de Dios
A fin de mostrarte la dificultad que muchos tienen en definir el evangelio, presento en esta sección algunas de las ideas que se enseñan. David C. Pack, pastor de: La Iglesia Restaurada de Dios, sostiene que:
“casi todos creen que el evangelio es acerca de la Persona de Jesucristo. Ciertamente, Cristo juega un papel extremadamente importante para el Cristianismo, pero él no es el evangelio. Algunos proclaman un ‘evangelio de salvación’, otros un ‘evangelio de gracia’. Todavía otros creen en un ‘evangelio de milagros’ o un ‘evangelio social’…Presten atención al registro de Marcos: ‘Después que pusieron a Juan en prisión, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios’. Este es el evangelio que Cristo predicó”.
Otro autor de la “Iglesia del Gran Dios (Church of the Great God) escribió:
“La palabra inspirada de Dios lo hace abundantemente claro que: las ‘buenas nuevas’ que Jesucristo trajo fueron acerca del reino de Dios. El ‘evangelio de Jesucristo’ es simplemente el mensaje de las buenas noticias que Jesús predicó, no un mensaje acerca de Jesús. No es un mensaje principalmente acerca de los eventos de su vida y de él como el salvador del mundo, aun cuando ciertamente lo incluye. Pero si lo que ocurrió en su vida no lo ves en su propio contexto, la fe resultante estará llena de errores y finalmente desastrosa. El anuncio de las ‘buenas noticias’—las mejores noticias que hoy día se puedan escuchar—que el Padre nos dio a través de Jesucristo, fueron acerca de su reino”.
Según estos autores, las buenas noticias son la creencia de que Dios establecerá su reino en un lugar, con un rey, para someter a los hombres a sus leyes. De acuerdo con esta idea, creer que el evangelio es acerca de Jesús, de los eventos de su vida y de él como salvador del mundo, resultará en “una fe llena de errores y desastrosa”. Reconozco que sea así, pero ¿para quién? No para el reino de Dios y su verdad, sino para el reino del demonio y su mentira.
Dios permitirá en su reino únicamente a quienes cumplan su ley. Por lo que, pregunto: ¿cómo puede la noticia del reino ser buena si sabes que no estás cumpliendo ni podrás cumplir con la ley y, por lo tanto, no tendrás derecho a él? No niego que el reino de Dios se proclama en el evangelio, pero las buenas noticias no son que el reino viene o está entre nosotros, sino la manera en que entramos a él. El llegar a entender esto último es la sustancia del evangelio.
La idea que estos autores defienden es como decirle a un enfermo, tengo buenas noticias para ti: “hay muchas personas que están sanas”; qué de significativo tiene esta noticia para una persona enferma, lo que ansía es escuchar que poseen la cura para su padecimiento.
La Biblia en ocasiones presenta la predicación del reino de Dios como el evangelio. Es cierto que Jesús expresó su mensaje de esta manera. El registro bíblico nos dice que “Recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 9:35).
El asunto no es si Jesús predicaba el evangelio del reino, lo que tienes que descubrir es si lo entendió como nosotros lo hacemos. También que relación él tiene con este reino y por qué son buenas noticias.
Para Jesús el reino era más que una localidad con leyes para gobernar. Cuando sanaba enfermos, cuando sometía al diablo, estaba mostrando que el reino había llegado: “Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lucas 7:18-22; 11:20-21). Se esforzaba en mostrar que el reino era más que una simple esperanza del futuro. Por lo que puede afirmar: “el reino de Dios entre vosotros está” (Lucas 17:21). El reino de Dios, entonces, tiene que ver más con su triunfo sobre los poderes que mantienen cautivo al hombre, y la administración de su gracia a los pecadores. El gobierna en el ejercicio de la misericordia y el perdón de los pecados.
El Reino de Dios y la Gloria de Cristo
Lucas 9:26-31 muestra que el reino y Cristo son inseparables. Jesús le dice a sus discípulos que los que se avergüencen de él, cuando venga en su reino, él se avergonzará de ellos. Luego hace una declaración que ha sido objeto de gran discusión a través de las edades. “Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios”. ¿Pensaba Jesús en la renovación final del mundo, en la nueva creación que surgirá con su segunda venida? Como estaremos viendo, tenía en mente la revelación de la gloria de la nueva edad en su persona. El reino de Dios había llegado y ellos habrían de ver su gloria en Cristo, antes que murieran.
El evento inmediato del cual habla es la transfiguración. Este fue el momento cuando la gloria de Dios se dejo ver sobre la persona de Cristo. Mateo, Marcos y Lucas la colocan seguida a esta declaración.
“Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios”. Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén (Lucas 9:26-31).
Mostrando que todos ellos entendieron que el reino que se les prometió que verían tenía que ver con la gloria del Cristo. En la transfiguración se les dio un anticipo de lo que vendrá en la segunda venida. Pedro lo explica de la siguiente manera: “Cuando les dimos a conocer la venida de nuestro Señor Jesucristo en todo su poder, no estábamos siguiendo sutiles cuentos supersticiosos sino dando testimonio de su grandeza, que vimos con nuestros propios ojos. Él recibió honor y gloria de parte de Dios el Padre, cuando desde la majestuosa gloria se le dirigió aquella voz que dijo: “Éste es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.” Nosotros mismos oímos esa voz que vino del cielo cuando estábamos con él en el monte santo. Esto ha venido a confirmarnos la palabra de los profetas (2 Pedro 1:16-19). Pedro explica que ellos vieron la gloria del reino venidero al ver la gloria del rey de ese reino. Si con su presencia el reino llegó, esto indica que la predicación del evangelio tiene que ver con Cristo como Rey y la manera en que está reinando por medio de su gracia. El Señor mostró en todas sus parábolas que el reino estaba entre los hombres y las obras que hacía daban testimonio de ello.
La Predicación de Pablo y el Reino
Pablo también identificó a Jesús con el reino. Lucas registra lo que predicaba entre los judíos:
Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios (Hechos 19:8).
Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro (Hechos 20:25).
Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas (Hechos 28:23).
…predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento (Hechos 28:31).
Cada uno de estos versos apoya que Pablo predicaba acerca del reino de Dios; ahora bien, el contexto evidencia que el mensaje que anunciaba tenía como centro la persona de Cristo y lo que había hecho. En su mente no existía ninguna diferencia. Quizás alguno pueda argumentar que esto no es evidencia suficiente, a los cuales les digo que investiguen sus epístolas donde conserva lo que enseñó. Romanos es el libro que mejor organiza su pensamiento y mensaje.
En los siguientes versos Hechos y Romanos utilizan palabras similares para describir el evangelio de Pablo:
les declaraba y les testificaba el reino de Dios
desde la mañana hasta la tarde,
persuadiéndoles acerca de Jesús,
tanto por la ley de Moisés como por los profetas (Hechos 28:23)Ahora aparte de la ley se ha manifestado
la justicia de Dios testificada
por la ley y los profetas
…Por medio de la fe en Cristo (Romanos 3:21-23).Pablo…Apartado para el evangelio
prometido antes por los profetas
acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que era del linaje de David (Romanos 1:1-3).
Hechos dice que testificaba del reino, Romanos de la justicia de Dios. Hechos: hablaba acerca de Jesús; Romanos: el evangelio acerca del Hijo. Hechos: la ley y los profetas dan testimonio; Romanos: la justicia de Dios testificada por la ley y los profetas o el evangelio de Jesús prometido por los profetas en las Escrituras. (De acuerdo con el Antiguo Testamento la justicia (mispat) es el modo de Dios gobernar en su reino (vea salmos 89:14)). El lenguaje que ambos usan indiscutiblemente muestra que describen una misma cosa. Lo que Lucas llama el evangelio del reino, Pablo lo llama el evangelio de Jesús. Es el evangelio de Jesús el Mesías, el rey prometido del linaje de David. Más adelante analizaré la definición del evangelio que ofrece en Romanos. Es suficiente señalar por el momento que en sus cartas enseña que el evangelio es acerca de Cristo y éste crucificado, lo cual es lo mismo que decir: el reino de Dios.
Pablo, al igual que su Maestro, no entendió el reino de Dios como una localidad, no era con exclusividad la noticia de que Dios restauraría al mundo. Aun cuando la noticia de la nueva creación es importante y tiene su lugar, no obstante lo nuevo que aconteció en la intervención final de Jehová es que su poder y su soberana voluntad Jesucristo la está llevando a cabo sometiendo todo principado y potestad bajo sus pies. Por lo que el apóstol decía: “no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16). El libro de Hebreos lo entiende de igual forma, presenta a Jesús como el rey del mundo venidero a quien Dios coronó de gloria y honra mediante los padecimientos de muerte (Hebreos 2:5,9). De esta manera la cruz llega a ser la coronación del nuevo administrador del reino.
Este modo de ver el reino no es nuevo en las Escrituras; cuando Jeroboam trató de usurpar el trono, Abías les dice a Israel: “Ustedes tratan de resistir al reino de Jehová en mano de los hijos de David, porque son muchos” (2 Crónicas 13:8). Dios estuvo reinando en Israel a través de los hijos de David; lo nuevo ahora es que lo está haciendo por medio de Jesucristo, y no por medio de débiles hombres que fracasaron en mantener su fidelidad, por lo que perdieron el reino a manos de los inicuos.
Las acciones de Dios en su Mesías, Jesús de Nazaret, determinan cada aspecto del reino. Has de entender su presencia a partir de la actividad de su rey, con la que viene redimiendo al hombre de los poderes enemigos que lo esclavizaron, para mostrar al final de esta edad su dominio soberano (George Eldon Ladd).
La intención del mensaje de Cristo y los apóstoles no fue exclusivamente probar que Dios estaba reinando, sino que lo estaba haciendo en Cristo. El Padre no juzga a nadie—Jesús decía—todo el juicio lo ha entregado al Hijo por cuanto es el Hijo del Hombre (Juan 5:27). Es imposible escapar a la idea de que el reino es inseparable de su persona y todo cuanto hizo.
No trates de imponer en la expresión “el reino de Dios” tus propias ideas. Permite que los autores muestren lo que ellos entendieron. Si con Jesús llegó el reino de Dios, entonces, fe en Jesucristo determina si estamos o no en él. Pues así está escrito: “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Colosenses 1:12-14).